LA CRÍTICA

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El Mundo virtual y la realidad de las nuevas generaciones: Internet y la revolución de las telecomunicaciones.

Se ha creado una nueva cultura como ciencia y tecnología de las telecomunicaciones: Internet. Hasta las nuevas generaciones han creado su propio argot virtual: un lenguaje improvisado, sobreentendido y abreviado que facilite la más sencilla y espontánea expresión conceptual. Es la cultura que como libertad de expresión no tiene límites ni reglas como lengua de difusión. La cultura de la incultura lingüística: un lenguaje abreviado matemáticamente conceptual en letras y palabras que nada tiene que ver con el sistema de programación, aunque se asemeje.

Las nuevas generaciones a falta de creatividad constructiva, deforman, destruyendo el legado de nuestros predecesores. Se sienten protegidas por un estado de bienestar heredado precisamente de quienes desprecian. Esto les hace fuertes, pero carentes de valores y de espíritu de lucha. Para crear de forma constructiva hay que necesitar; si no surge la necesidad, no se construye, se destruye. El hombre necesita ser útil, pero si no tiene ninguna motivación para serlo, se vuelve inútil y parásito, disfrutando sólo de lo que le es dado y manifestando inquietud por cualquier nimiedad, menos por lo que realmente importa.

La creatividad destructiva y del consumismo es la que hoy en día impera. Y no lo digo por Internet, sino por la mala utilización que se hace de ese medio de telecomunicación como de otras tantas cosas. Durante generaciones se ha construido sin pensar hasta dónde nos iba a conllevar los grandes avances de la ciencia y la tecnología. Hoy nos encontramos ante una sociedad y un sistema social sobrecargado de todo y de todos. Todo está al alcance de todos y todos, de todo. La interconexión entre la diversidad de identidades individuales en su manifestación global es la paradójica relación que atrae y repele, construyendo y destruyéndose entre sí.

Cuando hablo de las nuevas generaciones, del resultado del uso de la relación de la interconexión y de la manifestación global de la diversidad de identidades individuales , no intento generalizar, sino buscar un denominador común dentro de la variante heterogeneidad natural del numerador humano. El ego reflejado del individuo del entorno social en el que convive relacionándose, marca la verdadera pauta de la formación de su personalidad. Es la realidad con que se identifica socialmente el ser humano. Todo individuo desarrolla sus capacidades facultativas dependiendo de si el ambiente social en el que se intente realizar, le sea o no favorable. Todo depende del efecto espejo del entorno social de la perspectiva del ego que cambia el sentido según sea el origen de la naturaleza egocéntrica de la personalidad reflejada en la sociedad.

Toda sociedad forma, preconcibiendo y delimitando, el fondo de la naturaleza del ego humano por medio de la percepción del sentimiento negativo o positivo transmitido como reflejo del entorno social con el que se identifica e intenta realizar todo individuo en mutua convivencia.

El mal uso que se hace de toda creatividad es síntoma de la negatividad que transmiten a todo individuo las sociedades reprimidas y frustradas en el conjunto de sus actividades social-políticas-laborales-económicas. La contingencia del convivir en sociedad marca el espíritu y el camino de las nuevas generaciones. La inestabilidad y el riesgo es lo que impulsa al ser humano a luchar o resignarse ante la adversidad circunstancial. El espíritu de lucha de todo individuo surge de la necesidad de rebelarse contra un estado de bienestar que en todos los aspectos de su globalización le crea una situación insostenible y preocupante. Si la situación se hace sostenible todo individuo tiende a sentirse protegido por un sistema que le doblega, pero satisface parte de sus necesidades. Se antepone el interés económico a los derechos humanos para acabar siendo objeto de manipulación y explotación de todo sistema social-político-financiero.

La base de toda comunicación y relación social se fundamenta en un sistema "buroplutocrático". Sin una buena administración de sistemas y de aportaciones de entidades financieras publicitarias no podría ser posible la existencia y mantenimiento de una red globalizada en el mundo virtual y de las telecomunicaciones. El coste asequible de la interconexión del usuario de Internet es la base regularizadora de la globalizacíon de la red.

La creatividad constructiva o destructiva del consumismo del mundo virtual en la integración de las nuevas generaciones ha hecho posible la gran expansión y revolución de la propagación del mundo de las telecomunicaci0nes. El interés fraudulento del atractivo de la comunicación y relación social a distancia del mundo virtual se contrapone, repeliéndose con la más noble y estrecha relación humana.

Por: Augusto González González

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El estado y la legalización de la explotación y censura como ley.
"Digerir el pasado de viejos rencores es asimilar el progreso de nuevos valores"


Se ha reprochado al partido socialista de querer revivir viejos rencores de las páginas más negras de nuestra Historia: la guerra civil de la España del "36", dividida y enfrentada por sus ideas. Un Estado de Derecho, apoyado en un sistema democrático, no puede ni debe dar la espalda a un pasado histórico por muy turbio y doloroso que éste sea. La Historia no la escriben verdaderamente los vencedores, sino un inspirado sentido de la percepción de la justicia impulsado por el dolor humano más arraigad0. No se puede revivir cuarenta años de Historia para tener que perder otros cuarenta, pero tampoco se puede olvidar. Ya que si se olvida, no se digiere; y si no se digiere, no se puede asimilar el progreso en pos a los nuevos tiempos.

Si bien un librepensador es quien realmente escribe la Historia inspirado en un profundo sentido de la percepción de la justicia impulsado por un dolor humano incontenible, el Estado es siempre quien juzga y determina lo que se debe saber y escribir sobre esa Historia. Y más cuando no sólo se trata de Historia, sino de política. Por eso siempre se ha dicho equivocadamente que la Historia la escriben los vencedores, no los vencidos. Pero no es que la escriban los vencidos ni los vencedores, sino el Estado; que es ese poder político social económico institucionalizado que como sistema se antepone al público, legalizando la explotación y censura como Ley.

El Estado no sólo es el partido electo que está en el Gobierno, sino también los diferentes partidos políticos de la oposición que en representación del poder público gobiernan cada una de las autonomías sometidos al poder Legislativo y Constitucional aprobado en las Cortes y ratificado por el pueblo en referéndum. Luego todos somos el Estado, pero el Estado es preponderante a todos. De ahí que al margen del pueblo sólo puedan juzgar y determinar quienes tengan competencias institucionales para poder hacerlo: o sea, unos pocos en representación desproporcionada de unos muchos. El pueblo sólo tiene voz y voto en referendum, fuera de él ni se le escucha.

Por: Augusto González González

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A Políticas Radicales y Abusivas, Situaciones Extremas y Desesperadas.
"¿Libertad de expresión o conflicto de identidades independientes y determinantes?"


El mayor error del uso de la libertad de expresión es querer expresar siempre más que todos aquellos que se expresan libremente, reafirmando el derecho de su identidad como única autodeterminación. Esta fata de compatibilidad conlleva al enfrentamiento entre diferentes y diversas culturas que luchan por dignificar su identidad ante la discriminación denigrante de sociedades o sectores sociales carentes de tolerancia. Un mal nunca debe justificarse con otro; así como la intolerancia, con la intolerancia. El ojo por ojo, diente por diente, no dignifica la justicia ni mucho menos aún al ser humano como humano, sino a la guerra y al bárbaro como bárbaro.

Quien utiliza la libertad de expresión para enfrentar culturas sin buscar una mejor compenetración entre todas ellas, no es digno de hacer uso de esa libertad. A falta de sentido común siempre tiene que haber normas. Pero la norma no puede pensar por sí misma si no hay un mínimo sentido común. Y si es de sentido común la libertad de expresión ¿qué es lo que queda de esa libertad sin un mínimo de sentido que garantice el respeto como norma?

El terrorismo por la independencia del País Vasco, la rebelión de los barrios marginales de Francia, la "globalización" estadounidense y la frustración de la Constitución de la UE, la guerra ilegal de Irak y las repercusiones que han sufrido y sufren los países que apoyaron y apoyan esa guerra con el asentamiento de sus tropas, las revueltas de Pakistan, Israel y Palestina, las torturas en prisiones estadounidenses y las vejaciones que sufren en las detenciones las poblaciones insurgentes, el programa nuclear que intenta desarrollar Teherán en contra de la política de la ONU, los asaltos a las embajadas europeas por ironizar en los medios de comunicación con las viñetas de Mahoma, no son más que resultados de políticas radicales y abusivas. Y a políticas radicales y abusivas, situaciones extremas y desesperadas; que a falta de respeto, aceptación y comprensión de las diferentes culturas como integración de la diversidad de identidades, éstas se autodeterminan, independientes y determinantes, repeliendose entre sí en la magnificencia dignificada de su independencia, como si el mundo no dependiera del mismo mundo.

Por: Augusto González González

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Libertad, democracia, constitución y el estado de las autonomías.
"Escrito del día 23 de Febrero de 2004, pocos días antes del atentado del 11-M"


En la sociedad que vivimos, cada uno de los términos conceptuales como denominamos la libertad, democracia, Constitución y el Estado de las autonomías –comunidades autonómicas-, se funden en uno: en una monarquía parlamentaria más que constitucional. Esto quiere decir que la base en la que se ha asentado el poder orgánico del Estado en la función unitaria de la formación actual de nuestra sociedad, está apoyado más sobre la determinación del consenso parlamentario que sobre el legado constitucional; promulgado y aprobado en la Carta Magna como ley en las Cortes, hace ya veinticinco años. Luego es esta ley la que debiera de estar al servicio del consenso; y no el consenso al servicio de esta ley.

La Constitución no debe de ser intocable, siempre y cuando se llegue en el parlamento a un acuerdo consensual para la reforma de ley. Una reforma de ley que conlleve a un sentido más amplio de la justicia en el que la cohesión de las independientes libertades democráticas constitucionales del Estado de las autonomías, consiga una mayor solidaridad en la fusión de una misma unidad; y no la particularidad de intereses propios, que conlleve a la ruptura.

Libertad, democracia, Constitución y el Estado de las autonomías, se funden en un mismo término conceptual: la unidad estatal. Y esta unidad estatal en la fusión de los términos conceptuales que la forman, se confunden. Ya que para poder entender la unidad gubernativa en la que convivimos, rigiendo nuestra actual sociedad, primero hay que saber diferenciar cada uno de los términos conceptuales que constituyen la formación de su unidad.

¿Alguna vez alguien se ha preguntado qué concepto tiene de lo que es la libertad, independientemente de lo que sea la democracia; y democracia, de lo que sea la libertad; y Constitución y el Estado de las autonomías, independientemente de la libertad y de la democracia?...

Posiblemente recibamos demasiada información de golpe sin preguntarnos qué clase de información recibimos. Intentamos entender toda la información recibida en su conjunto, sin descomponer todos y cada uno de los elementos que la componen. Confundimos información con conocimiento; y conocimiento, con ciencia y sabiduría. Cada vez nos parecemos más a un ordenador, que sólo sirve para guardar y procesar datos en su memoria. Y esto es lo que llamamos cultura, que a su vez lo confundimos con la inteligencia; sólo por tener capacidad memorística.

Ya Kant en su tiempo, se apartó de todo conocimiento aportado por otros, ese conocimiento donde se fundan las bases más sólidas y que por la rigidez de su estructura, no permite modificaciones que puedan quebrar la solidez de las bases de las estructuras más rígidas de todo ese conocimiento que ya se da por sabido. Este es el error de todo conocimiento que sólo se apoya en la información. Ya que sólo apoyarse no es profundizar en toda esa base informativa donde se ha formado la solidez de las estructuras más rígidas del conocimiento, sino dejar caer su peso sobre una superficie que se cree sólida y segura por la formación de una estructura ya solidificada en su conocimiento.

Hoy día nadie profundiza, sólo sabemos apoyarnos en lo que nos es dado; sin pensar que el conocimiento de las cosas, al igual que la vida en la esencia de su existencia, tiene el más profundo vitalismo en su constante variante. O sea que de la misma condición del conocimiento solidificado, surge la propia heterogeneidad del conocimiento vital. Pero para que surja la propia heterogeneidad indeterminada del conocimiento vital, no sólo hay que apoyarse para dejar caer el peso sobre la superficie donde se ha formado su petrificación, sino ahondar en la homogeneidad determinada del conocimiento solidificado para poder vigorizar así, lo que en su solidificación pueda revivificarse como conocimiento vitalicio. O sea, ese conocimiento vital que desde que se obtiene, conserva su vigor en constante variante dentro de todos y cada uno de nosotros, hasta el final de nuestros días.

La Constitución se ha percibido en la esencia de su concepción como un conocimiento vitalicio donde la regularización de las bases ya solidificadas de los principios democráticos del ordenamiento de la jurisprudencia estatal, debieran vigorizarse ahondando en la petrificación de sus bases para revivificar y ampliar el sentido de la percepción de la justicia en la que se apoyan los principios democráticos en defensa de los derechos humanos al estatificar en la solidificación de las bases de su conocimiento, un profundo vitalismo en el reconocimiento del ser humano como ser humano individual y social; que en su integración, forma y constituye en la cohesión de la independencia de las libertades determinadas en los derechos de sus estatutos, la formación de la unidad estatal en la función que regula la unificación de la sociedad en la que se propone imponer, convivir solidariamente. Y digo la sociedad en la que se propone imponer, convivir solidariamente, porque toda ley en teoría, se impone; pero en la práctica, se propone su aplicación. Por tanto aquí se dan dos clases fundamentales de políticas divergentes: una la que se funda como ley en el ordenamiento más estricto de su base rigurosa; y otra la que surja como aplicación, según las necesidades de las circunstancias que la determinen.

Un plan de ley no se concibe sin un desarrollo de ley. Son las circunstancias las que debieran de determinar la ley; y no la ley, a las circunstancias. Y para que las circunstancias sean las que determinen la ley, nunca debemos de olvidar que ese plan de ley constitucional que nos rige, surgió, concibiéndose en esos principios democráticos que apoyados en el más amplio sentido de la percepción de la justicia de las circunstancias de su tiempo, hicieron posible el desarrollo de ese régimen democrático, en el cual ahora todos nos apoyamos sobre las bases más sólidas de ese código de democratización del sistema que conocemos como Constitución, y que dio a luz del abismo más profundo y oscuro del seno del pueblo.

Toda democracia surge como luz de liberación de todo ese profundo y oscuro abismo en el que esté sumergido y oprimido un pueblo. Es la transición que se produce entre la falta de credibilidad de las creencias y culturas más arraigadas en el crecimiento del desarrollo de su germinación social y la indignación y falta de confianza generadas por la confusión demagógica y la imposición de esos dirigentes que por intereses y conveniencias propias sólo a sus libertades, conservan, sometiendo a todo un pueblo, a aquellas demagógicas creencias y culturas en las que siempre se apoyan para poder manipular libremente a todas esas masas de gentes que forman y constituyen la unidad de su poder.

Democracia no es lo que se impone de un pueblo a otro como democracia, sino lo que surge como democracia de un mismo pueblo. Ya que cada pueblo tiene su propia piel y sangre de donde surge su propia condición; pues la verdadera democracia aunque pueda heredarse como legado de otros pueblos, siempre debe ser el propio pueblo el que deba ser consciente del surgir de su libre elección, de aceptar y ratificar el legado de esa democracia ante esas creencias y culturas que inhiben su germinación social.

No olvidemos que al igual que el sistema social, el sistema de democratización surge del estado de madurez de una sociedad. Por tanto para que un pueblo sienta la necesidad de democratizar su sociedad, antes tiene que madurar el sistema social con acorde a las creencias y culturas actuales de su pueblo.

“La globalización” de la imposición de la democracia a los pueblos no democráticos es la tiranía imperialista de la democracia. Una democracia en la que se hace uso del poder impositor de “la globalización” de los pueblos democráticos, es una democracia que pasa de ser democracia para convertirse en una plutocracia. Ya que en vez de apoyarse en el sentido más amplio de la percepción de la justicia de lo humano; se apoya en el sentido más amplio de la percepción de la justicia de la inversión del poder, sobre lo humano.

La etimología de la palabra democracia proviene del “demos” ateniense. El “demos” significa el pueblo, la gente. Es el apoyo que recibe el individuo como ser humano independiente y socialmente dependiente como conciudadano que forma y constituye en el conjunto de la unidad de su pueblo, en representación de los valores de los derechos y libertades reivindicativos, legitimados por la igualdad de convivencia del sentido más amplio de la percepción de la justicia y ante la unidad constitutiva y funcional del poder institucional, la formación y constitución del estado de la comunidad humana.

La democracia es la descentralización del poder institucional que se centra en el sentido más puro y noble de lo humano como ser autónomo e independiente en el derecho a sus libertades, pero socialmente dependiente de los derechos a las libertades de los demás, en la mutua convivencia de la formación y constitución de su solidaridad. O sea que el “demos” ateniense, de donde se apoya y surge la verdadera democracia, es la soberanía del pueblo, de donde el mismo pueblo en la integración conjunta que ejerce en la función del órgano de la unidad estatal de sus poderes públicos, elige sobre su propio destino. Por tanto la verdadera democracia se apoya en lo que es de uso público para todos; y no en lo que es de uso privado para unos cuantos.

La privatización no tiene su apoyo en la verdadera democracia, sino en la auténtica plutocracia. Ya que si lo privado es mejor en calidad humana que lo público es porque el ser humano es considerado más por el poder y el dinero, que por las propias necesidades de su condición humana. En sí el poder y el dinero siempre ha hecho, hace y hará de cualquier sociedad, un sistema de burocracia plutocrático. Ahora hay que preguntarse el porqué.

Si el ser humano siempre se caracteriza por algo es por su ambición. Este es el instinto más arraigado de su naturaleza que siempre le impulsa en la unificación de su sociedad a construir, pero también la independencia de sus libertades antisociales le conlleva a destruir por esa misma ambición que socialmente en la solidaridad conjunta de voluntades y esfuerzos, le impulsa en el fervor competitivo de las ambiciones de sus instintos, a evolucionar sobre lo ya establecido para conservar y progresar en la integración de su supervivencia en el sistema social.

La opresión que ejerce la ambición competitiva en la integral exigencia del sistema social, conlleva a profundos sentimientos antisociales. Por ello el ser humano se siente obligado a imponer una ley en la que se respete la mutua convivencia en la integración conjunta de las independencias de los derechos a sus libertades.

Para el propósito de la imposición de un plan de ley constitucional en el ordenamiento del sistema social democrático, se necesita a representantes capacitados para llevarlo a cabo; y esos representantes son los funcionarios del Estado que en sus funciones administran esos poderes públicos que están apoyados en la soberanía conjunta del pueblo.

Para el ordenamiento de un sistema social democrático es siempre necesario que haya una jerarquía representativa del pueblo en la distribución de los poderes públicos. Si no, la soberanía conjunta del pueblo sufre la ruptura de la cohesión individual e independiente de esas libertades antisociales que en la lucha entre ambiciones competitivas del instinto humano, conllevaría a apoyar la soberanía del pueblo en la soberana anarquía por la absoluta manifestación de la autonomía independentista del individuo, en la reivindicación no integral de la indeterminación de sus derechos humanos.

La libertad absoluta no tiene vinculación ni compatibilidad con el derecho a otras libertades. Esto hace de la soberanía anárquica en la manifestación absoluta de la libertad autonómica independentista del individuo, un vivir ininteligible y no compatible con el sentido racional, común y vinculable de toda convivencia que en la formación funcional del estado del sistema social, constituye la unidad conjunta de su pueblo.

Si la libertad es la absoluta independencia, no existe. Ya que todo depende de un algo; y ese algo, de un todo. Y para que una libertad absoluta sea posible, depende de la sumisión de esas otras libertades que formen y constituyan su absolutismo.

Libertad es eso que se nos ofrece como facilidad a nuestra propia realización; y no lo que en la oposición a su dificultad, sometamos para nuestros propios fines. Luego la verdadera libertad tiene su apoyo en lo que los otros nos permiten hacer en el entorno social de la convivencia donde nos realizamos; y no en la autonomía independentista de la manifestación absoluta de nosotros mismos. Ya que sin la dependencia ni el apoyo de los demás, no podría ser posible la libre realización del individuo como ser humano independiente ni socialmente dependiente como conciudadano en la mutua convivencia de la formación constituyente de su sociedad.

El término conceptual como denominamos la libertad es relativo en la amplitud de su más profunda significación. Su raíz se forma en la esencia de la concepción de dos partes primordiales: una, la libertad que ofrece los medios y las personas que en relación y socialmente se nos facilita; y otra, la que reclamamos en reivindicación de los propios derechos humanos por un cambio de mentalidad del entorno social en el que convivimos para que no dificulte la des-inhibición de nuestra independencia y dependencia en esas relaciones sociales que nos permita desarrollar la realización de nuestra propia personalidad.

Dentro de las dos partes primordiales de la libertad que se encuentra facilitada y de la que se reivindica en la búsqueda de la reclamación de los derechos de la esencia de su concepción, podemos encontrar tres ramas divergentes de libertades que siempre, dependiendo de las circunstancias que las determinen, pueden surgir de las crisis gubernativas y de las creencias y culturas de un pueblo que tenga una profunda falta de credibilidad no sólo en la demagógica resultante de sus políticas, sino también en esos hábitos y costumbres que caracterizan lo más arraigado de sus raíces.

De la misma forma que en física, dependiendo de las circunstancias ambientes, un cuerpo de estado sólido puede pasar a estado líquido, y de estado líquido, a gaseoso; y del gaseoso al líquido; y del líquido al sólido; en ciencias políticas, dependiendo de las circunstancias ambientes de las crisis del estado del régimen de un pueblo, también puede pasar de un estado de libertad de soberanía anárquica, a un estado de libertad de soberanía absolutista; y de un estado de libertad de soberanía absolutista, a un estado de libertad de soberanía del pueblo; y del estado de libertad de la soberanía del pueblo, a la absolutista; y de la absolutista, a la anárquica. Por tanto siempre corremos el riesgo en la contingencia que forma y constituye la unidad de nuestra sociedad, de perder ese estado de libertad de la soberanía del pueblo en la que se apoya el “demos” ateniense de la verdadera democracia, si el pueblo no permanece vigilante ante la representación de sus poderes públicos de la jerarquía funcional representativa de las instituciones comunitarias, en las políticas de sus gobernantes.

Si el estado de libertad de la soberanía del pueblo no apoyara sus principios democráticos en el sentido más amplio de la percepción de la justicia, podría confundirse fácilmente con otro estado de libertad que surge del estado de la soberanía del pueblo; y ese estado de libertad que puede surgir del estado de la soberanía del pueblo es la soberanía comunista.

El estado de libertad de la soberanía comunista del pueblo no sólo es la abolición de las propiedades privadas y bienes comunitarios, sino también la anulación de voluntades y esfuerzos humanos que debieran valorarse, pero que no se valoran en la consideración de esos derechos propios que se ha sabido ganar el individuo como conciudadano independiente y socialmente dependiente en la formación integral constituyente de su autonomía social, en la unidad funcional de la convivencia comunitaria. O sea que la soberanía comunista del pueblo es la rigurosa igualdad de los derechos humanos sin mediciones que diferencien la voluntad de esfuerzos y resultados por la desigualdad de esos derechos propios que se ha ganado merecidamente el individuo en la lucha por una independencia que le distinga por méritos colectivos de los demás conciudadanos, en el valor de los derechos propios del poder privado de bienes que han hecho distinción merecida de su propia individualidad.

Para que el ser humano sea respetado y valorado en la reivindicación de esos derechos propios que se ha sabido ganar por la voluntad y esfuerzos en la independencia privada de su libertad como individuo, pero socialmente dependiente y vinculada como conciudadano en el conjunto de la convivencia del entorno del colectivo donde se realiza públicamente en el marco de su sociedad, debe de haber un conjunto de poderes que representen y amparen la legalización de los derechos propios del conciudadano en el estado de la libertad de la soberanía del pueblo. Luego es de esencia vital que para que haya una buena organización en la administración legítima representativa de la valoración de los poderes públicos y privados de los derechos propios merecidos por las voluntades y esfuerzos humanos como conciudadano independiente y socialmente dependiente en la soberanía conjunta del pueblo, que la organización funcional de la unidad estatal se apoye en un sistema de burocracia. Ya que este sistema es necesario que forme su base en el organismo funcional de una jerarquía que a su vez tenga el apoyo en el poder representativo de quienes la constituyen en la formación de su estado; aunque haciendo un uso indebido en beneficio propio de las ambiciones de quienes representan en el poder de su investidura, esa jerarquía, conviertan ese sistema burocrático, en un sistema de burocracia plutocrático. O sea que dentro de ese sistema burocrático no se puede evitar como instinto ambicioso del ser humano, que haya un abuso de poder que degenere hacia una plutocracia, por más que las leyes propongan imponer determinadas sanciones constitucionales en reivindicación de los representativos poderes de la soberanía del pueblo. Por eso el raciocinio del ser humano siempre se siente obligado a equilibrar, determinando de alguna forma u otra la indeterminación de su ser, la racionalidad con la propia irracionalidad de sus instintos impulsivos. Esto quiere decir que el equilibrio entre la determinación social y la propia indeterminación antisocial del ser humano en la vida social, encuentra el punto de equilibrio del peso de sus fundamentos en la coacción y el miedo a las represalias sociales.

La ley de la verdadera libertad es la determinación y la restricción que busca una mejor calidad humana en la convivencia y en la solidaridad de esa convivencia. La ley de la verdadera libertad no se encuentra dando rienda suelta a los impulsos de nuestros instintos, sino controlando esos impulsos que por instintos humanos conllevan a desbordarnos en nuestras propias libertades.

La Constitución y el Estado de las autonomías es uno de los mejores sistemas de democratización del estado de ley de la verdadera libertad que se ha conseguido en la historia del estado de libertad de la democracia. Pero no hay que olvidar que los mejores sistemas de democratización no dependen de lo que esté establecido en el código de estos sistemas, sino en el uso que los políticos hagan de ellos con referencia a lo ya estipulado en el código de sus políticas democráticas.

Las diferentes formas de políticas divergen de dos estados fundamentales que forman y constituyen la esencia de su concepción: las del primer estado son las que renuevan; y las del segundo, las que se asientan conservando lo ya renovado. Las del primer estado podríamos denominarlas como políticas progresistas; y las del segundo, como políticas conservadoras. Unas, dependiendo de las circunstancias políticas-sociales que determinen su tiempo, podrían ser perjudiciales; y otras, beneficiosas.

No olvidemos que en el transcurso de la Historia, los grandes genios nunca congeniaron demasiado bien con las creencias y culturas de su tiempo, y que sus avances si no se asimilan con acorde a esas creencias y culturas que caracterizan e imperan en los hábitos y costumbres de la sociedad de su época, lo único a lo que puede conllevar sus grandiosos progresos es a esos enormes desastres que tanto se han producido en la evolución del siglo XX. Luego la base del progreso no es el mero hecho de progresar, sino de asimilar todo eso en lo que se progresa. Esto no quiere decir que en función de las ciencias políticas se deba de hacer una política conservadora, sino una política en la que el progreso sea asimilable para el pueblo, y para el conjunto de los pueblos.

La unidad estatal que se apoya en un principio de conservación de un Estado de autonomías como unión funcional indivisible del organismo de su formación constitucional, puede ser también un principio de repulsión y ruptura en la formación constitucional de su indivisibilidad; del mismo modo que la unidad estatal que se apoye en un principio de cambio de Estado que en Estados de autonomías independentistas sea divisible, puede ser también principio de una recíproca solidaridad en la unión de la divisibilidad funcional del organismo de la formación constitucional de autonomías independentistas que en Estados, constituyan un solo Estado real como unidad estatal, aunque no se represente como unidad indivisible.

Si la divisibilidad de la unidad estatal en Estados independentistas de la formación constituyente de sus autonomías fuese con acorde a los cambios políticos-sociales de las creencias y culturas de un pueblo, ese pueblo habría comprendido y asimilado en la ratificación de su elección, que lo esencialmente vital no es la apariencia representativa indivisible de la unidad estatal como soberanía conjunta de su pueblo, sino que realmente lo sea sin vanas representaciones patrióticas.

Por: Augusto González González

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La política exterior de Zapatero

El gobierno español está practicando una política exterior que está dejando a nuestro país con una mala imagen. Relaciones con regímenes dictatoriales como el de Castro y Chaves, dictadores y tiranos, y ahora con Evo Morales, hacen que España pierda credibilidad en el extranjero. Hemos pasado de codearnos con Bush a juntarnos ahora con lo peor.

Por: Juanillo

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El poder y la reorganización social política

Si en el transcurso de la historia siempre se ha impuesto el capitalismo del Estado y los grandes magnates de las empresas comerciantes y entidades financieras ante el ciudadano medio, no ha sido por la creación y formación de los monopolios que acaparan el poder económico político y social por el sólo haber de un per cápita, sino porque desde su más ínfima estructura han sabido reorganizarse mejor que el resto de todos aquellos ciudadanos medios que forman y constituyen el verdadero poder de un pueblo. El poder no lo tiene quién más tenga en su haber, sino quien mejor sepa reorganizarse; y la reorganización se consigue mediante acuerdos o pactos que conlleve a mejorar necesidades e intereses comunes.

Si la actual política de este país es inestable no es por falta de un per cápita o de la productividad del consumismo, sino por la falta de acuerdos o pactos entre las diferentes y diversas posiciones políticas extremas que no hacen más que dificultar la propia reorganización del Estado siempre en perjuicio del ciudadano medio. El problema radica de un sistema democrático no moderado donde dirigentes políticos de posiciones extremas intransigentes se creen con el libre derecho de no tolerar todo aquello que vaya contra sus propios intereses olvidando los derechos comunes que han de compartir en representación de las necesidades e intereses de cada uno de los ciudadanos independientemente de cada una de las autonomías a las que corresponda y cuyo único apoyo ante la vulnerabilidad del sistema democrático vigente lo tiene en la Legislación.

En un sistema democrático debería de predominar el compartimiento de los derechos humanos por medio de la comprensión, aceptación e integración de la diversidad de diferencias de identidades individuales de una sociedad reorganizada en la valoración de esfuerzos y rendimientos comunes s0bre cualquier sistema legislativo. Pero si hoy predomina el sistema legislativo sobre el sentido común democrático será porque el sentido común es el menos común que se tiene de todos los sentidos. Y esta es la consecuencia de que una democracia débil y tambaleante se tenga que reforzar y estabilizar con un poder legislativo de donde emanen todos los demás poderes y competencias institucionales. Porque se apoya más en una reorganización impuesta por el derecho, que por el derecho a imponerse por unanimidad.

Si los sindicatos que reivindican los derechos de los trabajadores no son efectivos, no es porque las cuotas que se paguen sean bajas, sino por falta de afiliados y de coordinación reorganizada. La reorganización que por derecho se impone por unanimidad es la base precursora del poder. Sin unanimidad, no hay derecho ni una buena reorganización; y sin una buena reorganización, tampoco puede haber poder.

De nada sirve que haya unos principios democráticos constitucionales, unos estatutos y una legislación, si el ciudadano medio no se reorganiza debidamente para reclamar lo que por derecho le corresponde en los organismos institucionales competentes. No sólo basta con críticar las injusticias social políticas económicas de un país, también hay que actuar, recurriendo legalmente a lo que haga falta para poder hacer valer nuestros derechos. Si los poderosos juegan con los derechos y necesidades del ciudadano medio, también el ciudadano medio debe de jugar con las necesidades y derechos de los poderosos. En un sistema social democrático y constitucional siempre tiene que haber una equidad, y quien mejor sabe jugar con esa equidad de valores es el que más conocimiento tiene de los derechos que por Ley le corresponde a cada uno de los ciudadanos.

No sólo hay que saber reorganizarse a nivel de unidad, sino también a nivel de conocimiento.

Por: Augusto González González

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Acoso laboral

No nos equivoquemos, nos estamos enfrentando a un problema verdaderamente serio que tiende a agravarse con el tiempo, en esta sociedad de carácter capitalista cuyo motor es el dinero. Este tipo de forma de vida defiende el hecho de que unos pocos viven en la opulencia a costa del sufrimiento y la miseria de muchos, ¡Me explico! La gente necesita dinero y la única forma de conseguirlo es:

A. Ganar el gordo de la lotería.
B. Cobrar una herencia o ser de clase social alta.
C. Delinquir falsificando euros o con actividades ilegales según la ley que por cierto no es sinónimo de justicia.
D. ¡Trabajar! (para la mayoría).

“Normalmente” el trabajo se establece mediante el acuerdo voluntario entre trabajador y empresario mediante contratos de trabajo regulados por los convenios colectivos de cada sector. Ante esta perspectiva, integrarse socialmente en la sociedad también conlleva realizar actividad laboral o empresarial y como consecuencia en la aportación de riqueza, aunque más bien eso seria en el caso de empresarios, accionistas, etc., y miseria en el caso de los trabajadores. ¡Pues bien!, esa aportación de miseria es imprescindible para sobrevivir en este mundo asquerosamente consumista y la necesidad imperiosa de adquirir esa aportación es la razón de la filosofía empresarial parecida a la Ley de Ohm que en este caso sería “el maltrato y las vejaciones a los trabajadores es directamente proporcional al nivel de ingresos en ganancias de la empresa e inversamente proporcional a todo lo negativo que pueda afectar a la misma”.

Todas estas vejaciones y humillaciones sin olvidar las continuas faltas de respeto producen en el trabajador una falsa sensación de rendimiento aceptable cuando en realidad el trabajador no desempeña su actividad en correctas condiciones de rendimiento, no quiere, y no tiene ningún interés real ni motivación en el proyecto a desempeñar.

Cuando se produce un proceso de selección o una entrevista de trabajo, los candidatos no son elegidos necesariamente por su preparación, sino más bien por su nivel de manejabilidad, es decir, una persona que diga que sí a todo con baja autoestima y que no haga demasiadas preguntas ni demuestre conocimientos sobre convenios, sindicatos ni legislación laboral. Se prefiere un nivel básico o escaso de formación a cambio de tener un perfil sumiso y conformista (esto es indiscutible). Por ejemplo, aquí en España ustedes creen que el mundo de la informática hardware y software está formado por profesionales y no es así, el perfil de técnico en hardware, si algún día tienen el interés de patearse las cadenas de montaje, por ejemplo, es el de personas sin conocimientos formados por una empresa o jefe de grupo que aprendió a ensamblar un ordenador de la colección de ‘PC a fondo’ que más bien se debería llamar ‘PC a medias’, o por el amigo de un amigo que dice ser técnico en hardware y no sabe lo que quiere decir UCP. A muchos les repateará que su ordenador fallezca antes de tiempo, falle o que cuando lo abra se quede con la boca abierta viendo el maravilloso montaje tipo Picasso de los profesionales supuestamente titulados, sobre todo cuando se pagan cantidades elevadas por ese producto.

Con esto quiero decir que uno de los factores de ¡frustración y estrés! es pasar por un proceso de selección, el que sea, y que cojan por ejemplo, a un picador de toros para poner inyecciones de la gripe por ser más asequible (es un ejemplo metafórico superlativo). El otro día, por ejemplo, estaba comiendo y detrás de mí se sentaron un grupo de trajeados que enseguida entendí que eran empresarios y con ellos había un nuevo nombramiento de jefe inferior al que le daban consejos muy buenos de cómo tratar a los trabajadores. El que más me impacto fue con estas palabras: “Los trabajadores con familias, hijos, hipotecas y necesidades económicas, a tratarlos a patadas. En ellos se puede desahogar uno cuando estás depre y además se quedan con caras de tonto porque si protestan saben que van a la calle”.

Ante:

1. La necesidad de aguantar auténticos calvarios psicológicos para poder infravivir.
2. Soportar discriminaciones y procesos de selección injustos, invasivos y vejatorios.

Las consecuencias:

1. Falta de autoestima y grado de sumisión que no dignifica a la persona como dice el famoso dicho.
2. Consecuencias físicas que afectan a la salud además de a la esperanza de vida.
3. ¡La más grave! Trastornos psicológicos severos que pueden desembocar en actitudes hostiles y comportamientos adversos.

No olvidemos que aunque la naturaleza se rige en la supervivencia del más fuerte, el ser humano se ha desmarcado en parte del resto de las especies del planeta. El hombre no está diseñado para permanecer humillado, agachado y dominado por cuatro dictadores sin alma que sólo valoran tener el poder y el bolsillo lleno de dinero. Personalmente apruebo en casos de extremo abuso la justicia llamada divina, ya que la justicia social ¡Es cómplice directa de esta situación!

¡Basta ya! ¡Tenemos sentimientos!

Por: Daniel Álvarez Gutiérrez

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Huelgas de RENFE

Lo que he podido observar es que las huelgas están mal enfocadas por los trabajadores de RENFE. En Asturias los mineros del carbón hicieron huelga y movilizaciones enfocadas a fastidiar a la patronal y al gobierno para negociar. No tiene sentido provocar semejantes retrasos porque la gente de a pie, al final no está unida, y si no está unida no tiene poder. Si se quieren conseguir eliminar unos abusos como los descritos, por ejemplo, trabajar tantas horas, lo primero que tiene que haber es unidad y si hacen una huelga, hacerla radical avisando a la gente que utilicen medios de transporte alternativos, no llegando tarde y fastidiando al ciudadano, que al final es el gran perjudicado. Yo como usuario de RENFE cercanías he tenido muchos líos con la empresa por llegar igual 4 o 5 minutos tarde y al final a ellos no les importa lo que haya podido pasar, ni tus problemas salariales ni nada. Muchas veces, al final la cosa acaba en despido y cuando el empleo es necesario o adecuado puede despedazar una vida, yo lo sé muy bien. Aparte que las huelgas como ésta, se enfocan mal. La gente al final somos ovejitas. Si se rebotan, una dentellada de perro y de nuevo al corral. También hay que tener en cuenta que RENFE y el estado sabe que la necesidad de transporte es imprescindible para el ciudadano y hacen oídos sordos. A pesar de todo volverán a subir el precio del abono para tener los mismos vagones de ganado y la misma seguridad inexistente de transporte público, porque al final a quién le importan los problemas o las razones de la gente para hacer lo que hacen. Así vamos siendo los únicos beneficiados los poderosos y ricos. ¡Ojalá venga el Apofis MN4 en el 2029 y les caiga el asteroide dentro de la sopa de caviar mientras ven a ese gran estúpido rebaño berrear al aire!

Por: Daniel Álvarez Gutiérrez

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El Diálogo Conceptual y la Falta de Pragmatismo Político Democrático

Todo diálogo político del gobierno actual socialista se ha centrado en elucubraciones conceptuales nacionalistas más por conveniencias de los gobiernos autónomos que por las necesidades que realmente precisan una renovación integral para el bienestar de la convivencia del ciudadano. Parece ser que la ambición independentista de los gobernantes de cada una de las autonomías desemboca en la centralización de un poder "buroplutocrático"* de cada uno de los estados autonómicos que del consenso democrático que descentraliza el poder representativo de un Estado en representación de cada uno de los ciudadanos que forman y constituyen en función a sus esfuerzos, necesidades e intereses al margen de cualquier nacionalidad que no sea la Única y Verdadera Unidad Estatal, que no sólo es capaz de unir a autonomías y estados federales, sino también a naciones de naciones en una sola: el "Demos" del pueblo; el "Demos" del mundo, la democracia.

El problema de la falta de integración de un ciudadano en el sistema social democrático y constitucional que rige la sociedad vigente, no sólo es problema de ese ciudadano sino de esa sociedad que lo margina por falta de pragmatismo político de ese sistema. Si los representantes de los Estados gubernamentales del Congreso y del Senado no atienden a los esfuerzos, necesidades e intereses prácticos que verdaderamente crean la inquietud en el convivir del día a día de cada uno de los ciudadanos, la recapitulación Constitucional sólo queda en mera recapitulación.

La financiación de partidos, el Estatut de Cataluña, la independencia del País Vasco y el terrorismo, la educación no de fondo, sino de forma de financiación, y la forma de enseñanza obligatoria u optativa de la religión en un Estado laico, hacen sombra a problemas laborales, el acceso a la vivienda, el sistema de enseñanza vigente, la seguridad ciudadana y la inmigración. Los políticos de hoy, tanto los que presumen de conservadores y moderados como los que se las dan de tolerantes progresistas y liberales, intentan crispar y confundir no sólo a toda la ciudadanía sino también a todos los medios de comunicación en un desconcertado diálogo conceptual que hasta los propios congresistas y senadores que impulsan e incitan a tal diálogo, acaban por divagar sin saber ni ellos mismos dónde acabará todo ese galimatías. Quizá esta sea la verdadera estrategia de los políticos que se agazapan y aferran al poder: mucho ruido y pocas nueces.

"Buroplutocracia"*: abuso del poder ejecutivo y de la administración pública por apoyo y conveniencia de los grandes financieros.

Por: Augusto González González